Fotos de Aida Vargas

7 de octubre de 2025

La Mutant abre las puertas a la última pieza de una de las creadoras más chispeante de la escena contemporánea. El festival Bucles en su edición número XIII, dedicada a la ‘Catharsis’, ha contado con Maja y Bastarda de Laila Tafur, un solo que la artista granadina describe como una ‘pieza Frankenstein’ por la multitud de trazos, huellas y materiales que la componen. Empapada de flamenco y otros influjos de la tradición, los ha estirado para llevarlos a un límite desde el que ha extraído algo propio. Hoy mismo ofrece un taller para mostrar su universo creativo, su manera de componer con todo aquello que le influye e interpela.

¿En qué momento y de qué deseo surgió esta pieza?

Confluyeron dos cosas, un momento vital y una casualidad. Había empezado a trabajar en el Conservatorio de Málaga y eso consumía todo mi tiempo, tuve un parón creativo. Durante ese barbecho se convocaron en Granada, de donde soy, unas residencias de creación para hacer dialogar el flamenco con otros lenguajes. Yo soy del Sacromonte, pero soy como una turista, hija de gente que no es de allí. Tenía esa mirada romántica del extranjero, y aunque de alguna manera siempre habían formado parte de mi baile algunos dejes flamencos, nunca había sentido la necesidad (ni la legitimidad) de abordarlo, era como que aquello no iba conmigo. En esta residencia encaré todo esto, empecé a trabajar sobre el flamenco.

La beca se llama Los Tientos y usa el nombre con el doble significado de realizar una tentativa, ese estado en el que tú puedes fallar. Con el flamenco siempre se da esa disputa de si hay que innovador, que si no, un tema para mi algo pesado, pero con este enfoque ‘tentativo’ dije ‘venga vamos’. A partir de ahí empecé a desarrollar la música, el vestuario, descubrí que había algo biográfico en todo ello: una manera de vivir flamenca que se encaminó al contemporáneo e hizo un viaje de vuelta a Andalucía. He vivido 16 años en Barcelona, pero es una pieza que habla mucho de mi origen, no de forma explícita, pero sí muy personal, por eso quise estrenar allí [Teatro del Soho, Málaga, febrero de este año ].

¿Con qué mimbres has creado esta Maja y Bastarda?

Hay elementos del flamenco y del folclore de otras latitudes, como las conchas gallegas, las espardeñas valencianas, los flecos del sur, pero también estilos musicales que van del pop a la ópera, al blues o el cabaret. Hay muchos ingredientes que son en principio distantes. No tendría porque tener que ver Whitney Houston con Camarón o La Niña de la Puebla pero yo sí lo vivo como algo próximo, por eso creo que en cierta forma esta obra es autobiográfica, pongo en juego cosas que forman parte de mí.

¿Llegaste al folclore desde una investigación previa o por una intención de que estuviera ahí?

He estado trabajando en ella dos años y medio, tiempo en el que me he ido encontrando cosas en las que he podido profundizar. Es cierto que en mi hacer hay algo desafiante, un deseo de juego, un humor que viene desde la extrañeza, de la osadía de ver qué sucede cuando confluyen elementos dispares.

Muchas piezas actuales incorporan el folclore o vuelven su mirada hacia él, ¿te han servido para tu propia búsqueda? 

No, sé que existen, conozco a algunos de los artistas que están en ello, pero yo he tirado hacia atrás, me he empapado de gente de antes: Mario Maya, Carmen Mora, La Terremoto, Lola Flores, Vicente Escudero… He mirado y escuchado mucho flamenco, a La Piriñaca, La Niña de los Peines, seguiriyas antiguas… Menos una pieza de Isabel do Diego, la música la he montado yo. He hecho un ejercicio complicado de escucha para, de todo ello, destilar una  voz propia.

¿De qué otra manera está el flamenco presente? 

Mi formación y mi mirada son contemporáneas, pero sí, hay mucho flamenco. Para esta pieza he estudiado mucho, por eso hay una jácara, que es un sonido previo al flamenco, una farruca cantada por Fosforito, un taranto, seguiriyas… Hay deformaciones, por eso digo que se trata de una pieza Frankenstein, porque también empujo los límites del flamenco hasta donde puede dejar de serlo. Al fin y al cabo, mi manera de ser es muy libre y, por tanto, muy flamenca. Los flamencos eran como una clase social, los que vivían por ahi, los nómadas, que hacían lo que les daba la gana. La palabra ‘maja’ del título viene de los ‘majos’, la clase baja madrileña del siglo XVIII y XIX que ‘por su manera de hacer y su vestuario destilaban guapeza y libertad’.

¿Qué aportó Amalia Fernández a la creación?

Amalia tiene un rigor y una manera de trabajar muy fina. Mira las cosas de frente, no tiene pereza. Nos pusieron en contacto desde el Graner de Barcelona para que colaborara conmigo en mi pieza Cobalto y fue entonces cuando descubrimos nuestra similitud, que el humor, la voz, el movimiento, atraviesan nuestras piezas.

En las fotos, el color rojo y el vestuario tienen un papel destacado

Estoy sola en escena y el vestuario es mi pareja de baile. Me cambio seis veces y cada cambio es una puerta a un nuevo mundo al que te quiero llevar. Destaca el vestido rojo porque tiene una cualidad y una textura que generan algo mágico, fantástico. Es una mezcla de Marta Graham, Loie Fuller y Carmen Mora. El color hace que sea como una llama, como el flamenco, que es una llama de fuego, que está viva.

Maja y Bastarda, 8 de octubre a las 19.00 h en La Mutant, Valencia. Entradas  aquí

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