Portada: Flip de Marta Izquierdo. Foto de Merielle Rosignol
22 de septiembre de 2026
Que la danza no tiene edad es la idea central por la que apuesta este año el festival Bucles, que celebra su XIV edición del 25 de septiembre al 17 de octubre en Valencia y otros municipios cercanos. Hablamos con Isabela Alfaro, su directora, quien sigue apostando por sacar la danza de los escenarios convencionales y acercarla al público en espacios singulares.
Fiel a una fórmula que combina creación contemporánea, mediación, encuentros profesionales, clases magistrales, residencias artísticas y una mirada abierta a distintas generaciones y lenguajes, Bucles ofrece este año hasta 37 actividades bajo el lema ‘Bailar hasta el final’.

Isabela Alfaro en una foto de archivo
Antes de expandirse por la ciudad y llegar a lugares como el CCCC, Carme Teatre, el Museo de Bellas Artes o Artea Lab, Bucles se celebraba en Ruzafa, ¿por qué y cómo nació?
El festival nació de una necesidad vital, en un barrio emergente y utilizando espacios no convencionales. Probamos locales, plazas y diferentes formatos. Aprendimos sobre la marcha: esto funciona, esto no; esto lo repetimos y esto otro lo descartamos. Me interesaba muchísimo la carga estética de esos lugares, la posibilidad de que cada espacio ofreciera una lectura diferente al público y, sobre todo, la cercanía con los bailarines. No es que huya del teatro ni de la escena, pero me motivaba romper esa distancia.
Bucles no se desarrolla solo en la ciudad de Valencia sino que se extiende a otros municipios cercanos como Alboraya, Alfafar, Benetússer y Picassent ¿qué motivó que el programa se diseminara por el área metropolitana de la ciudad?
Desde el principio pensé también en otros municipios. En aquel momento los festivales de calle todavía no estaban en auge y me parecía interesante proponer a los ayuntamientos una fórmula asequible: un día o un fin de semana de danza en la calle sin superar determinados límites de contratación.
Las relaciones con las localidades del área metropolitana se asientan en actividades de residencia artística y mediación ¿qué buscas con ello?
Permite que la gente del municipio participe y se acerque a la danza desde otro lugar, que después pueda disfrutar de los espectáculos y descubrir cosas diferentes. Un municipio al que le cuesta contratar danza puede hacerlo mediante una residencia en la que hay intercambio y mediación con la población local. Lo importante es que los artistas dejen huella. No se trata simplemente de llevar una propuesta, representarla y marcharse.

La compañía Meraki Danza y Jessica Castellón/Boris Orihuela participan en las residencias artísticas

Con el formato actual del festival ¿el objetivo es similar?
Para mí la relación con la danza no es simplemente ir al teatro y volver a casa. Quiero que sea una experiencia de ocio cultural. Poder entrar en un espacio pequeño, ver una pieza de quince o veinte minutos y, una hora después, encontrarte con otra propuesta completamente distinta en otro lugar para acabar en una plaza, tomar algo, encontrarte con gente… Es una manera de vivir la danza de otra forma.
Desde el principio has programado lenguajes muy diferentes ¿qué buscas en los artistas?
Me gusta dar oportunidades a todo el mundo. No he querido cerrarme ni a las artes vivas, ni a la danza clásica, ni a la contemporánea. Para mí, el lenguaje de la danza es universal. La expresividad va más allá de etiquetas. Por el mismo motivo, me interesan mucho las danzas tradicionales y por eso han tenido cabida en mi manera de entender el festival.
Los lemas de las diferentes ediciones tienen mucho peso: Rara Avis, Catharsis, Subversivxs, Delirants… ¿qué aportan al proyecto?
Cada año intento que el lema tenga presencia y que exista una línea artística y estética que conecte las propuestas. No quiero hacer las cosas porque sí.
Me considero bastante exigente y tengo un ojo muy crítico. Me gustan las propuestas rupturistas, extrañas, nuevas. Pero tampoco puedo construir toda la programación alrededor de eso porque busco la empatía, quiero que la gente esté contenta. Cuando Bucles empezó había una carencia muy grande de programación y no podía hacer un festival exclusivamente de autor. Ahora quizá podría focalizarme más en las cosas que personalmente me gustan, pero todavía no estoy ahí.
¿Cuál crees que es la singularidad de Bucles?
Trabajo muchísimo la coherencia artística. Me rompo la cabeza para encontrar un lema y conseguir que la programación tenga sentido alrededor de él. Para mí es importante que todo encaje. Además intento crear comunidad y la estética y la comunicación son vitales.
¿Qué es lo más gratificante de dirigir un festival?
Aprender. Para mí ha supuesto un crecimiento personal enorme: llevar equipos, liderar y defender un festival que nace de las entrañas.
Lo que más disfruto es crear el concepto artístico. Pensar qué quiero hacer, por qué, qué artistas quiero programar… El diseño de la programación es lo que más me apasiona.
También es gratificante que la gente y las compañías estén satisfechas. Surgen muchísimos problemas, pero poder hablar con los artistas y buscar soluciones juntos es muy importante.
¿Y qué es lo más duro?
La burocracia, sin ninguna duda, es lo más tedioso y agotador. También es complicado formar equipos porque el festival es un proyecto estacional. No puedes mantener a todo el mundo trabajando contigo a lo largo del año y es difícil que alguien deje otro trabajo para dedicarse a ti durante unos meses.
La danza sin límites de edad
Un total de 37 propuestas artísticas conforman la programación de 2026, 16 de las cuales son valencianas, 18 nacionales y tres internacionales. En el cartel de este año figuran nombres muy consolidados de la escena, de trayectorias extensas y sobrada madurez. Sofía Asencio, Christine Cloux, Isabel Vázquez, Claire Hegger, Roberto Oliván o Daniel Abreu conviven con Julia Irango, Jessica Castellón Boris Orihuela y Enma Romeu, entre otros jóvenes talentos.

Ma p’tit damme de Claire Hegger, foto de Renaud Morin
La edición de este año pone el foco en la madurez, en el trabajo de artistas que ya no son jóvenes, y la reflexión en torno ello. ¿De dónde surge esa mirada?
Me incomoda que se dé tanta importancia a la juventud. Creo que tenemos que unir generaciones. La experiencia tiene mucho que decir a los jóvenes y los jóvenes también tienen muchísimo que aportar a la gente mayor.
Hay profesionales de mi generación que siguen trabajando de forma precaria y cuyo reconocimiento todavía no llega, aunque sean auténticos genios.
Cuando una persona tiene vitalidad, ganas de crear, de exponerse y de contar cosas no existe límite de edad. Por eso quería que esta edición fuera una celebración de la vida, del cuerpo, de la madurez y de la transformación.
Hay una serie de encuentros intergeneracionales dentro de la programación como el de la joven poeta Elsa Moreno con la coreógrafa y directora de escena Rosàngels Valls
Me interesa la mezcla generacional y, a la vez, generar espacios de conversación con el público. Hay gente que tiene muchísimo que decir. No hay que rescatarla, porque está activa, pero sí traerla más a la actualidad y mezclarla con otras generaciones.

Bucles 2026 ofrece un paseo en bici y otras actividades que inciden en la zona dana
¿Qué has aprendido de Bucles después de catorce años?
Que las carencias también pueden convertirse en oportunidades. Yo hago lo que otros no quieren hacer, pero buscando otro enfoque.
Durante la covid, por ejemplo, cuando nadie quería salir ni hacer nada, yo me fui a la calle a bailar. Bucles nace un poco de esa forma de entender las cosas: aprovechar una carencia y convertirla en una oportunidad.
¿El festival ha cumplido su objetivo de promocionar el talento valenciano?
Creo que sí. Siempre hemos querido dar visibilidad a compañías y artistas planteando programas híbridos con los más veteranos y propuestas emergentes. Eso no significa que tenga que programar a todo el mundo. Bucles tiene ya un sello propio y las propuestas tienen que encajar dentro de su línea.
Cara a la próxima edición, que será la número 15, ¿te planteas reformular Bucles?
A mí me tiene que sorprender y apasionar lo que hago. Si eso no sucede cambiaré la fórmula. No lo veo necesariamente como algo que tenga que durar toda la vida. Si fuera sí, fenomenal, pero dependerá de muchas cosas.
El reto es seguir sorprendiendo, mantener la pasión y conseguir que en cada edición haya algo que decir.
Consulta la programación completa aquí

Foto de familia tras la presentación del programa del 14 festival Bucles en el CCCC

Ruido Jondo de Jordi Latorre y Derek van den Bulcke es uno de los imperdibles de Bucles 2026
