Fotos de © Jesús Vallinas

Crítica publicada en Susy Q 

Estreno de ‘El lago de los cisnes. La historia de Rothbart’, ballet en dos actos. Ópera de Hanover, 24 de enero de 2026

Tarde de nervios y emociones ayer en el imponente edificio de la Ópera de Hanover. Goyo Montero, director artístico del ballet de la ciudad desde el pasado mes de septiembre, mostraba al público su primera creación para la compañía. El reto era considerable, presentar junto a la orquesta su propia versión del clásico por excelencia, El lago de los cisnes.

Esta era la única de las tres grandes partituras de Chaikovski que le faltaba por coreografiar a Montero, quien la abordó con la voluntad de aportar algo nuevo a la archiconocida trama de príncipes y cisnes. Centrado en Rothbart, el malvado del cuento, Montero profundiza en los orígenes del mal y desarrolla una trama en la que el protagonista se mueve entre lo tangible de la vida cortesana y lo voluble de la naturaleza humana. Una precuela que explicaría cómo ese niño, hijo de rey, testigo de violencia extrema, llega a ser quien es y la cadena de consecuencias que esto tiene en su comportamiento, en su vida y la de su entorno.

Del Rothbart niño, interpretado por Theo Montero, al adulto, a cargo de un excelente Jay Ariës, la transformación es enorme. Los bufones, con su expresividad liviana y juguetona, asisten a un joven rey que se encamina hacia la oscuridad de un carácter marcado por un trauma. Un rasgo que el bailarín acoge con gran talento interpretativo, sin excesos dramáticos, resuelto en escenas de conjunto, portentoso en los duetos, o en solos con los que su presencia llena el inmenso escenario.

La veintena de bailarines del ensemble de Hanover tienen capacidades ilimitadas para transitar por la historia, bien sea como estudiantes, cortesanos, cisnes o criaturas mágicas. La escenografía modular de Leticia Gañán y Curt Allen es castillo, plaza o paisaje indefinido; enriquecida por la iluminación de Andreas Schmidt, refuerza los estados emocionales que ofrece el ballet. El lago, delimitado por cortinas de largos hilos blancos, es frío y misterioso. Vemos como Rothbart cae en sus aguas heladas gracias a la video creación acuática de Álvaro Luna, otro de los miembros habituales del equipo de Montero. La proyección, breve, de una belleza cinematográfica, nos explica el punto de no retorno de la historia.

Alisa Uzunova, como cisne negro, es altamente expresiva. En sus pasos con el rey maneja una vehemencia matérica, con trazos seguros, contundentes, tan narrativos como profundos. Los movimientos de Antoine Charbonneau, cisne blanco,  fluyen, son aire y vida. Ese contraste, la eterna lucha entre el bien y el mal, entre luz y penumbra, es el hueso del espectáculo y en el desarrollo de esta idea es donde Montero aplica su maestría artística. Su capacidad para tramar obras con grupos numerosos de bailarines está constatada en su extensa carrera al frente del Ballet de Nuremberg, o como coreógrafo invitado para otras formaciones. En esta pieza el conjunto brilla en coreografías en las que las manos son protagonistas, en escenas vigorosas, de cuerpos alegres en la primera parte, cautivos del mal en la segunda, deslumbrantes en el clímax musical. Siempre realzados por el vestuario de Salvador Mateu Andújar, quien consigue que las siluetas destaquen el trazo coreográfico, lo hagan más visible al ojo del espectador. Utiliza texturas que potencian la ambigüedad de los seres del lago, entre aves y anfibios. Modela tules, velos, lycras y una variedad de materiales para trajes y complementos ideales para una creación de esta envergadura. Su sello personal en tocados, gorros y máscaras se amplía en esta ocasión con unos tutús rígidos iluminados que son pura fantasía.

Goyo Montero comenzó en 2008 su andadura en un país que le ha reconocido su trabajo con distinciones del más alto nivel. En Alemania es respetado, querido, y su trabajo hace que personas de otras ciudades acudan a sus estrenos, como fue el caso de cuatro amigas bávaras que se sentaron junto a esta cronista.

Agradecidos, las 1200 asistentes al estreno brindaron más de 15 minutos de entusiastas aplausos a orquesta y ballet.