Fotos de Luis Lacau
22 de octubre de 2025
José Manuel Álvarez conoció al fotógrafo René Robert en el año 2020 cuando bailaba en el teatro Chaillot de París con Ana Morales, por eso dos años después le impactó tanto saber que había muerto de hipotermia en una calle de esa ciudad a los 84 años por una caída accidental tras la que nadie le socorrió. El bailaor y coreógrafo ha trabajado en Captura y fuga sobre el ingente archivo de Robert, uno de los grandes documentalistas del flamenco. La pieza se estrena mañana en el teatro Sat! de Barcelona.
Pese a que el disparador de esta nueva pieza de Álvarez (Barcelona, 1985) haya sido un dramático suceso y el posterior hallazgo del archivo de Robert, depositado en la Biblioteca Nacional de Francia, el artista ha vivido un proceso de análisis y descubrimiento personal vertiginoso, consecuencia de la observación de esas fotos que recogen la historia del flamenco.
Robert las tomó en teatros de toda Francia y en el tablao parisino Le Catalan desde que se enamorara en 1956 y en ese mismo lugar de un arte que retrató durante 50 años. Miles de negativos, fotos, algunas publicadas, otras desechadas por sus imperfecciones, reposan en la BNF, donde Álvarez y Marta Piñol, codirectora de la pieza, estuvieron rastreando concienzudamente. En ese proceso, el bailaor inició viaje que, a partir del estatismo fotográfico, de la imagen congelada, le ha acercado de otra manera al flamenco que baila desde que era niño.
Con el símil del disparo, de la foto analógica, del revelado o del laboratorio, el espectáculo, construido a partir de diferentes escenas, es una suma de baile, proyecciones y música. Un solo en el que su creador ha invocado a muchos de aquellos artistas flamencos que Robert retrató, pero por el que también desfilan los fantasmas de otros muchos bailarines, como Nijinsky, a quien Álvarez ha reconocido en las formas flamencas.

Desdibujar las propias líneas
El recuerdo que tiene el bailaor del fotógrafo es el de ‘un señor muy educado, discreto, entrañable; escribió un texto muy bonito sobre la obra que vio en Chaillot’, cuenta. ‘Me impactó mucho su muerte, por eso la idea inicial fue denunciarla, hablar de una sociedad en la que se dan situaciones como la suya, tirado en el suelo sin que nadie le auxiliara, hasta morir por el frío’, añade. ‘Pero el trabajo ha ido por otros derroteros y la pieza no es un homenaje sino mi manera de acercarme a su obra, alguien que, pese a ser de los grandes de la fotografía flamenca sigue siendo un desconocido’, concluye.
En escena se utilizan 55 fotografías de Robert, a partir de las cuales Álvarez recrea, desvela o complementa figuras, formas y gestos. Se desdobla junto a las fotos, revelando algo nuevo a través de su cuerpo. ‘Me he desajustado, alargado, he querido desdibujar las líneas rítmicas para decodificar mi flamenco’, afirma.
Vamos a ver un ‘aquelarre’ tramado por bulerías en el que estarán presentes bailaoras como Pilar Montoya ‘La Faraona’, Aurora Vargas, o cantoras que bailan, como La Negra, de los Montoyas. También un baile en el que Álvarez añade a la corporalidad de María Pagés, la de Eva la Yerbabuena, a esta la de Belén Maya, a esta la de JAndrés Marín para sumar la de Israel Galván, ‘como un transformer, pongo en hilera a los bailaores que hay en mí; todo ello me ha ayudado a conocer más a fondo el flamenco, ha sido como una revelación que me permite entender muchas cosas’, confiesa.
El archivo de René Robert incluye fotos personales de su viaje por Andalucía en los años 70, escenas con Paco de Lucía, con Enrique Morente, Fernanda y Bernarda de Utrera, pero las que se verán proyectadas son aquellas tomadas en vivo en el un tablao francés por el que fueron pasando todos los artistas flamencos.

Un equipo nada flamenco
En la composición musical de Captura y fuga han colaborado Cristina López, Carlos Cuenca, Luca Balbo y Josep Tutusaus, todos ellos conocidos por crear desde la mezcla y la sonoridad contemporánea.
Joaquín Collado ha acompañado a José Manuel Álvarez en la creación coreográfica. ‘Cuando arrancó este proyecto pensé que no podía seguir estirando de lo mismo, llevo muchos años bailando y tengo mi manera de hacerlo, pero quería desdibujarme, desprenderme de lo que ya soy. De Joaquín me interesaba su sensibilidad y su mirada, tiene algo muy delicado y él me ha ayudado a seguir decodificándome. Tenerlo ha sido una ha sido una suerte’, cuenta.

René Robert en una foto de Prisca Briquet
Antes de concluir la charla, José Manuel Álvarez vuelve a recordar al fotógrafo que la ha inspirado para reivindicar un legado que debería ser digitalizado y preservado en condiciones por su gran valor documental, ‘se puede seguir con él la evolución del baile flamenco’. Al estreno mañana en el Sat! acudirá su viuda, quien acompañará el recuerdo de un artista que ahora renace en la escena.
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